Imposible de ver a simple vista, las partículas subatómicas son las unidades más pequeñas indivisibles que conforman a los átomos y prácticamente a toda la materia; sólo imaginarlas puede ser complicado si se considera que en un milímetro se pueden alinear hasta 10 millones de átomos, los cuales en agregaciones dan pie a las moléculas compuestas, que a su vez forman células, tejidos, órganos o materiales.
Pero si son invisibles al ojo humano, ¿cómo se pueden estudiar? La respuesta es la Física de Altas Energías o Física Cuántica; sin embargo, no sólo la teoría propone su existencia, hacen falta experimentos que comprueben y verifiquen su comportamiento. Aquí tienen razón de ser los detectores de partículas, capaces de tomar imágenes de estas pequeñísimas unidades.
Captar su paso, localización, rastrear e identificar a las partículas, además de medir su energía y convertir la información en señales (eléctricas) son algunas de las funciones de un detector, instrumentos que investigadores de la BUAP han podido desarrollar desde cero, como parte de su participación dentro del grupo mexicano de científicos del CERN, en Ginebra, Suiza.
Desde 2017, cuando la BUAP construyó un detector de partículas en su totalidad a partir de plástico centellador, la Universidad se convirtió en la primera institución en México en crear un instrumento de este tipo con tecnología desarrollada por universitarios, quienes con materiales de fácil adquisición contribuyeron en uno de los experimentos más complejos del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), en el CERN.









